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Antecedentes

La Encuesta Longitudinal de la Primera Infancia se basa en estudios recientes, los cuales confirman que durante los primeros tres años de vida son de particular importancia para el desarrollo futuro de los niños (véase Carnegie Task Force on Meeting the Needs of Young Children, 1994; y Council of Economic Advisers, 1997). La investigación reciente es clara en destacar los beneficios de una temprana influencia sobre el desarrollo del cerebro, considerando que el 75% del desarrollo cerebral se produce durante los 3 primeros años de vida. Referencias importantes en esta materia son Shore (1997); White House Conference on Early Childhood (1997), Bruer (1999) y Gopnik, Meltzoff y Kuhl (1999).

Del mismo modo, la investigación económica de los últimos años enfatiza la importancia de la intervención en la etapa temprana de la niñez para el desarrollo de habilidades cognitivas y no cognitivas, en términos de resultados económicos en la edad adulta. Esta investigación indica que la inversión en esta etapa es la más costo-efectiva: intervenir más tarde requiere mayor tiempo y esfuerzo para lograr los mismos resultados. Al respecto puede consultarse a Heckman (2000) y Heckman y Carneiro (2003). Los estudios económicos con evaluaciones más rigurosas han mostrado que las intervenciones en edad pre-escolar tienen un impacto significativo tanto en resultados cognitivos como no-cognitivos e incluso en resultados económicos en la edad adulta (Véase al respecto, Barnett (1995), Karoly (1998), Currie (2001), Blau y Currie (2004)). Estos estudios también muestran que los retornos de estas intervenciones gubernamentales son mayores en el caso de los niños con mayores desventajas (no sólo socioeconómicas sino que considerando aspectos como la vulnerabilidad o riesgo social, la carencia de educación materna y carencias en el lenguaje). Investigaciones recientes muestran que estas intervenciones generan beneficios de corto y mediano plazo que fácilmente pueden compensar entre 40 y 60% de los costos de programas implementados a gran escala, por lo que aún beneficios pequeños de largo plazo serían suficientes para pagar la inversión realizada (Currie, 2001).

Las políticas dirigidas a la primera infancia tienen una importancia estratégica para nuestro país, adicionalmente, por dos razones:

  1. Constituyen una manera efectiva de atacar la raíz del problema de la desigualdad; y
  2. Posibilitan un aumento en la inserción laboral femenina

En efecto, en relación al primer punto, uno de los problemas más acuciantes que Chile enfrenta es la mala distribución del ingreso. Todas las medidas más importantes para mejorarla son de largo aliento. Es evidente que dos niños que nacen en entornos familiares y socioeconómicos tan dispares como los de los hogares del primer y quinto quintil, con oportunidades tan diversas, culminarán a lo largo de su vida con distintos resultados educativos y socioeconómicos en favor de quienes tuvieron mayores recursos. La educación pre-escolar representa inversión de la sociedad en la raíz del problema. Es el segmento en el que la educación puede ejercer su labor igualizadora.

Por otra parte, la tasa de participación laboral femenina de Chile, si bien ha aumentado sostenidamente en los últimos 20 años, es baja no solo en comparación con los países desarrollados sino que también en relación con los países latinoamericanos. En particular, países como Uruguay, Paraguay, Argentina y Brasil registran tasas de participación femenina superiores a 50%. Por otra parte, la inserción laboral femenina es particularmente baja en los hogares de menores ingresos. Así, mientras que la tasa de participación laboral femenina asciende a cerca del 70% para las mujeres del 10% de hogares con mayores ingresos, es menor a 25% en el 10% inferior de hogares. La educación pre-escolar formal tiene como una de sus consecuencias más importantes el proporcionar cuidado infantil de calidad.

En este contexto, adquiere gran importancia la política impulsada por el Gobierno de la Presidenta Bachelet relativa a considerar una protección integral de la infancia en nuestro país. Tal vez los componentes más relevantes de esta política son dos, a saber:

  1. Un aumento sustantivo en la oferta de salas cuna, destinadas fundamentalmente a las familias del 40% más pobre de la población; y
  2. La implementación del programa Chile Crece Contigo.

En materia de oferta de salas cuna, el incremento efectivo y el proyecto es impresionante. A marzo de 2006 se contaban 708 salas cuna públicas, las que han aumentado en 800 a 900 por año, proyectándose para el final del presente gobierno, un incremento del orden de 400% en dicho stock inicial. Adicionalmente, se ha instituido el programa Chile Crece Contigo, un sistema de Protección Integral a la Infancia que tiene como misión acompañar y apoyar integralmente a todos los niños y niñas y sus familias en cada etapa desde la gestación hasta los 4 años.

Es evidente que en el marco de cambios de tanta profundidad, se requiere de una estrategia que permita contar con líneas base y un seguimiento que posibiliten el monitoreo de las intervenciones tempranas y su vinculación con el sistema educativo posterior.